Vivimos en lo
cotidiano con tanta presión, con tantos dramas que nos agobian y que tienen una
intensidad que consideramos inmanejable, que la confusión, la falta de claridad
y la soledad interna que sentimos, nos supera.
lunes, 09 de abril
de 2012
En las relaciones más cercanas no
nos expresamos sino con reproches, con dolores pasados que envenenan de
resentimiento los momentos presentes compartidos y donde nada se resuelve, todo
se guarda, y las consecuencias solo se sufren.
A veces, incluso, nos pegamos a
quienes no nos quieren o a quienes nos hacen daño, y lo sufrimos, llegando a
creer en realidad que no merecemos el amor, y así, nos relacionamos con alguien
que puede confirmar nuestra idea de no merecer el amor, y luego peleamos con
esa idea, pero seguimos dirigiéndonos a obtener el amor donde no está.
Esta
es nuestra adicción a sufrir, y el apego a ese espejo externo que me sigue
mostrando el "no merezco" y el "no hago nada bien". Y
puedes cambiar ese espejo las veces que quieras (cambiar de pareja, de amigos,
de lugares) pero mientras no cambies ese sentir interno el reflejo será el
mismo.
Cuando decidas dejar de sufrir y empezar a sentir, a vibrar en el
amor hacia tí mismo, a decir "merezco", y sentirlo, a apreciarte por
los pasitos de tu crecimiento y de tu cambio, tu espejo comenzará a reflejar el
brillo que emana vibrante de tu sonrisa interior y de tu mirada.




